Pon a calentar una sartén con 3 cucharadas de aceite de oliva y rehoga la cebolla cortada en medio aro. Cuando comience a estar brillante añade los ajos y el chile en láminas, cocina todo junto durante unos minutos más.
Añade la maicena, remueve para que se integre y después vierte el vino. Chisporroteará y comenzarás a respirar su delicioso aroma afrutado, deja un par de minutos para que evapore el alcohol e incorpora los guisantes lavados.
Vierte el caldo de verduras y salpimienta al gusto.Mantén la temperatura hasta que comience la ebullición. Como en casa nos gustan crujientes los dejaré a fuego vivo solo un par de minutos. Pero si a ti, te gustan más tiernitos, vigila hasta conseguir tu textura ideal. ¡Pero cuidado! si te pasas de tiempo, la piel que les recubre se desprenderá y te quedarán arrugaditos y feos.
Corta las setas de cardo y fríelas con dos cucharadas de aceite de oliva en una sartén hasta que estén bien doradas.
Sirve los guisantes y encima coloca las sabrosas setas que aportarán un maravilloso sabor a bosque.
Notas
Si quieres conseguir un sabor más intenso, a la hora de rehogar la cebolla añade varias vainas de guisantes. Eso sí, no te olvides quitarlas una vez que el alcohol del vino se haya evaporado.
Puedes utilizar guisantes congelados, pero has de saber, qué ni su sabor, ni su textura, serán iguales.
Una vez cocinados puedes conservarlos en un tupper de cristal y congelarlos. De esta manera tendrás tu comida lista para un día donde el tiempo no sea tu aliado.
A la hora de descongelarlos, la mejor manera es hacerlos al baño maria. De esta manera la piel del guisante permanecerá lisa y firme.