Lava y corta en aros la parte blanca del puerro y ponla a rehogar en una cazuela con un par de cucharadas de aceite de oliva. Cuando comience a brillar añade el calabacín muy bien pelado, eliminando completamente toda su piel. Cocina todo junto durante un par de minutos. Después añade la taza de leche, una pizca de sal y una pizca de nuez moscada. Deja que hierva durante 10-15 minutos o hasta que el calabacín este completamente tierno.Pasa el resultado por un batidora de mano hasta conseguir una crema suave y homogénea de similar textura a la auténtica bechamel. Ahora corta la cebolla en brunoise (pequeños dados de 1 cm) y rehógala en una sartén con 3 cucharadas de aceite de oliva. Su brillo traslucido te indicará que está lista y podrás añadir las setas previamente limpiadas con un paño húmedo y cortadas en láminas. Salpimienta al gusto y fríe todo junto durante unos minutos para unir los sabores. Reserva
Coge los solomillos y espolvorea sal de ajo. Fríelos en una sartén con un poquito de aceite y cuando enfríen con la ayuda de un tenedor, haz tiras con su carne.
Sumerge las laminas de lasaña en agua hirviendo hasta que se vuelvan flexibles y extiende las setas y el pollo. Haz un rollito, humedeciendo la parte final para que la pasta se pegue.
En una fuente apta para horno pincela la base con salsa de tomate y coloca los rollitos. Vierte una cucharada de falsa bechamel por encima y un hilos de queso rallado. Introduce en el horno precalentado a 180º durante 6-7 minutos.
Mientras se terminan de hacer tus rollitos de lasaña, coge las setas secas y tritúralas con una pizca de sal y pimienta hasta conseguir un aromático polvo. Yo siempre tengo un tarrito con esta mezcla en la despensa, sirve para perfumar este plato y también carnes, pastas o ensaladas.
Presenta estos rollitos de lasaña sobre una cama de crujientes bigotes de puerro, esparce el cebollino picado y una lluvia del delicioso y aromático polvo de setas.