El bacalao es uno de esos productos que nunca pasa de moda y, aunque lo podemos encontrar en diversas presentaciones durante todo el año, es entre diciembre y marzo cuando se encuentra en su mejor momento. Es verdad que en su versión de congelado, ahumado, salado o desecado lo tenemos durante todo el año, pero si lo queremos consumir fresco es ahora cuando debemos darnos el gusto de disfrutarlo.
Cuando hablamos del origen del mejor bacalao, los mares del norte, específicamente las aguas frías del Atlántico, son los grandes proveedores. El bacalao de Islandia es famosísimo por sus lomos gruesos, su carne jugosa y porque son auténticos expertos en prepararlo en salazón. Y luego tenemos el de bacalao de Dinamarca y el de Noruega, que está considerado uno de los mejores por su sabor y textura. Así que en esta ocasión cuando vayamos a la pescadería si veos estos orígenes, ya sabemos que estamos ante calidad asegurada.
Además de ser delicioso, el bacalao es un verdadero superalimento.
Saciante, bajo en grasas, pero, atención, súper rico en proteínas de alta calidad, de esas que te ayudan a mantener los músculos fuertes y la energía a tope. También tiene ácidos grasos omega-3, que son buenísimos para el corazón y el cerebro, y un montón de vitaminas como la B12, que cuida el sistema nervioso, o la vitamina D, que refuerza los huesos y el sistema inmunológico. Y, por si fuera poco, también es una excelente fuente de minerales como el fósforo, el magnesio y el selenio, que son fundamentales para nuestro bienestar. Además, a todo esto, hay que sumar que la carne del bacalao es muy ligera y por lo tanto de fácil digestión… lo tiene todo. Es perfecto para cualquier tipo de dieta.
Y si hablamos de propiedades, no podemos olvidarnos de las de la piel del bacalao. A menudo desechada, esta parte del pescado es comestible al 100% y tiene un sabor delicioso. Es una excelente fuente de colágeno, una proteína fundamental para mantener la elasticidad de la piel, la salud de las articulaciones y los huesos. Cabe señalar que el colágeno proveniente del pescado se absorbe mucho mejor que el que proviene de otras carnes o de suplementos que se venden en cápsulas.
Dentro de las variedades de bacalao, destaca el bacalao Skrei, una auténtica joya gastronómica que se pesca entre enero y abril en el mar de Barents. Este bacalao, conocido por su sabor más intenso debido al largo viaje que realiza para reproducirse, se caracteriza por su frescura y sostenibilidad. Su pesca está estrictamente regulada para garantizar su calidad y, una vez capturado, el bacalao Skrei se encuentra en las pescaderías en un máximo de 5 días. Aunque puede mantenerse en perfecto estado hasta dos semanas, el certificado de Skrei garantiza que no se venderá más de 12 días después de su captura.
Lo ideal es consumirlo lo antes posible, pero si es necesario guardarlo, lo mejor es colocarlo en la parte más fría del frigorífico, entre 0 y 4 ºC. Cúbrelo con papel film o guárdalo en un recipiente con tapadera para evitar que coja olores de otros alimentos. Si no lo vas a usar en un par de días, congélalo. El bacalao Skrei dura perfectamente unos 3 meses en el congelador sin perder su calidad, aunque no es recomendable mantenerlo por más tiempo, ya que podría perder parte de su textura.
Para sacar el mejor partido a este producto, es fundamental dejarlo fuera del frigorífico unos minutos antes de cocinarlo, para que tome temperatura ambiente. Evitar la sobrecocción es clave, ya que su carne es muy delicada.
A mí me encanta al vapor o a la plancha con un buen chorro de aceite de oliva virgen extra justo antes de servirlo. El contraste entre la suavidad del bacalao y el sabor afrutado del aceite es maravilloso.
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