Ciruelas ¡Estamos en temporada!

Entre julio y septiembre las ciruelas viven su mejor momento. Dulces, jugosas y muy refrescantes, son una de esas frutas que todos hemos comido alguna vez directamente del árbol o recién sacadas de la nevera. Sin embargo, detrás de su apariencia sencilla se esconde una enorme diversidad de sabores, colores y usos en la cocina que muchas veces pasan desapercibidos. 

España es uno de los grandes productores europeos de ciruela y cuenta con más de doscientas variedades cultivadas en distintas zonas del país. Algunas son perfectas para comer frescas, otras para preparar mermeladas o compotas y otras incluso acompañan carnes, pescados y ensaladas con resultados sorprendentes. 

Hoy descubrimos todo lo que hay que saber sobre esta fruta de temporada: cuáles son sus principales variedades, cómo elegirlas, conservarlas y aprovecharlas al máximo en la cocina. 

España, tierra de excelentes ciruelas 

Aunque muchas veces asociamos la ciruela al árbol del huerto familiar o al frutal del jardín de los abuelos, detrás de esta fruta existe un importante sector agrícola. España es uno de los principales productores de ciruelas de Europa y cada año cultiva cientos de miles de toneladas que no solo abastecen el mercado nacional, sino que también se exportan a numerosos países europeos, especialmente Alemania, Francia, Italia y Reino Unido

Las principales zonas productoras se concentran en Extremadura, Andalucía, Murcia, Aragón y el Valle del Ebro, aunque prácticamente todas las regiones españolas cuentan con alguna variedad local. 

El auténtico corazón de la producción nacional se encuentra en Extremadura, especialmente en la provincia de Badajoz, donde se cultiva cerca de la mitad de todas las ciruelas españolas. Desde allí salen cada verano miles de toneladas con destino a supermercados y mercados de toda Europa, tanto para consumirse en fresco como para la elaboración de mermeladas, compotas, zumos y otros productos transformados. 

En Andalucía, sobre todo en la provincia de Sevilla, predominan las variedades más tempranas, que son las primeras en llegar a los mercados cuando comienza el verano. En Murcia, el clima cálido y seco permite obtener ciruelas especialmente dulces y aromáticas, mientras que Aragón y el Valle del Ebro son conocidos por producir algunas de las mejores Reina Claudia, consideradas por muchos como la joya de las ciruelas por su extraordinario sabor. 

Más de 2.000 variedades diferentes 

Aunque muchas veces pensamos que todas las ciruelas son iguales, la realidad es muy distinta. En el mundo existen más de 2.000 variedades y en España se cultivan más de 200, cada una con su personalidad, su sabor y sus mejores usos en la cocina. La forma más sencilla de diferenciarlas es por su color. 

Ciruelas amarillas 

Son las primeras en hacer acto de presencia cuando llega el verano. Su piel va desde un amarillo intenso hasta tonos dorados y esconden una pulpa muy jugosa. 

Existe la creencia de que todas son ácidas, pero no es cierto. Variedades como Golden Japan o TC Sun sorprenden por su dulzor y por un sabor que recuerda, en ocasiones, al albaricoque. Se cultivan principalmente en Sevilla y Murcia y son perfectas para comer recién cogidas, preparar macedonias o dar un toque especial a tartas y bizcochos. 

Ciruelas rojas 

Son, probablemente, las que más vemos en fruterías y mercados. Destacan por su aroma, su pulpa jugosa y ese equilibrio entre dulzor y un ligero punto ácido que las hace tan refrescantes. 

Resultan ideales para comer solas, pero también quedan deliciosas en ensaladas, macedonias o batidos. Gran parte de su producción procede de Andalucía y de otras zonas de la cuenca mediterránea. 

Ciruelas negras

Se reconocen enseguida por su piel de color morado muy oscuro, casi negro. Su carne es firme, muy aromática y, cuando alcanza el punto justo de maduración, desarrolla un dulzor intenso. 

Por eso son una de las mejores opciones para elaborar mermeladas, compotas y salsas, aunque también combinan de maravilla con carnes como el cerdo, el pato o la caza. Su gran reino de cultivo está en Badajoz, auténtica capital española de la ciruela. 

Ciruela Cojón de Fraile 

Es una variedad tradicional española, fácilmente reconocible por su forma alargada y ovalada, que da origen a su curioso nombre. Tiene una piel rosada o rojiza, una pulpa firme y carnosa, y un sabor equilibrado entre el dulzor y un ligero toque ácido que se suaviza al madurar. Se recolecta entre agosto y principios de septiembre y se cultiva principalmente en pequeñas explotaciones y huertos familiares del País Vasco, Burgos, Cáceres y Galicia. Es muy apreciada tanto para consumir en fresco como para elaborar mermeladas y conservas caseras. 

Reina Claudia 

Para muchos es la auténtica reina de las ciruelas. Destaca por su piel verde amarillenta, su carne firme y un dulzor extraordinario que la convierte en una de las favoritas tanto de niños como de adultos. 

Además de disfrutarse al natural, es una de las variedades más apreciadas para preparar mermeladas de gran calidad. Se cultiva principalmente en Extremadura, Aragón y el Valle del Ebro, y suele llegar a su mejor momento entre finales de julio y el mes de agosto. 

¿Cómo elegir una buena ciruela? 

Elegir una buena ciruela es mucho más fácil de lo que parece. Lo primero en lo que debemos fijarnos es en la piel: debe estar lisa, sin golpes, cortes ni zonas hundidas. Después, tócala suavemente. Si cede un poco al presionarla con el dedo, significa que está en su punto y lista para disfrutar. Si está completamente dura, todavía necesita unos días para madurar. 

Hay otro detalle que suele llamar la atención y que muchas personas confunden con suciedad. Seguro que alguna vez has visto ciruelas cubiertas por una especie de polvillo blanco o azulado. No te preocupes, no es moho ni restos de tierra. Se llama pruina y es una fina capa natural de cera que la propia fruta produce para protegerse de la deshidratación, los insectos y algunos hongos. 

De hecho, es una buena señal. Cuanta más pruina conserve una ciruela, más fresca suele estar y menos manipulada ha sido desde que se recogió del árbol. Lo único que tendrás que hacer es lavarla justo antes de comerla y disfrutar de todo su sabor. 

Y ya que hablamos del interior de la fruta, hay dos curiosidades que suelen llamar mucho la atención. La primera es que, en algunas ciruelas, la carne que rodea el hueso resulta algo más ácida. Es completamente normal. Esa parte madura más despacio que la pulpa exterior y conserva durante más tiempo algunos ácidos naturales, por eso el sabor puede ser ligeramente diferente.

La segunda tiene que ver con el hueso. Seguro que has comprobado que en unas ciruelas sale con facilidad y en otras parece imposible despegarlo. Tampoco es un defecto. Depende de la variedad. Existen ciruelas de hueso libre, en las que el hueso se separa fácilmente al madurar, y otras de hueso adherido, donde permanece unido a la pulpa incluso cuando la fruta está completamente madura.

Cómo conservarlas 

Si al llegar a casa ves que las ciruelas todavía están un poco verdes o demasiado duras, resiste la tentación de meterlas en la nevera. Lo mejor es dejarlas a temperatura ambiente, en un lugar fresco y protegido del sol. En pocos días terminarán de madurar por sí solas y ganarán en dulzor y jugosidad. 

Hay un truco muy sencillo que funciona de maravilla: guárdalas en una bolsa de papel. Las propias ciruelas desprenden etileno, un gas natural que favorece la maduración, y la bolsa ayuda a concentrarlo para que el proceso sea más rápido y uniforme. Eso sí, mejor evitar las bolsas de plástico, ya que acumulan humedad y pueden hacer que la fruta se estropee antes de tiempo. 

Cuando al presionarlas suavemente con los dedos notes que ceden un poco, sabrás que están en su punto. Si no las vas a comer ese mismo día, entonces sí, llévalas al frigorífico. El cajón de las verduras es el mejor sitio para conservarlas frescas y jugosas durante algunos días más. 

Y hay un último detalle que conviene recordar. No las laves antes de guardarlas. Es preferible hacerlo justo antes de consumirlas, ya que la humedad acelera la aparición de moho y acorta su conservación. Tampoco es buena idea dejarlas junto a alimentos con olores muy intensos, como cebollas o algunos quesos, porque la ciruela absorbe con facilidad los aromas que tiene alrededor. 

¿Y por qué se dice que la ciruela es «gusanera»? 

Seguro que más de una vez has oído eso de que «la ciruela es gusanera».  

La responsable es la polilla del ciruelo, un pequeño insecto que pone sus huevos sobre el fruto. Cuando nacen, las larvas penetran en la ciruela y empiezan a alimentarse de la pulpa, casi siempre alrededor del hueso. Por eso algunas frutas maduran antes de tiempo y terminan cayendo del árbol cuando todavía no les tocaba. 

La buena noticia es que es bastante fácil detectar una ciruela afectada antes de abrirla. Basta con fijarse en la piel. Si observas un pequeño agujero acompañado de restos gomosos o de unas pequeñas manchas marrones, es muy probable que haya sido atacada por la larva. 

Afortunadamente, no es algo que ocurra en todas las ciruelas. Basta con echarles un vistazo antes de comprarlas y, si alguna te hace sospechar, abrirla por la mitad. Es un gesto muy sencillo que puede evitar alguna sorpresa desagradable. 

¿Has comprado demasiadas? 

Si este verano te has pasado comprando ciruelas o tienes la suerte de tener un ciruelo cargado de fruta, no te preocupes. Es una de esas frutas que se conserva muy bien y a la que se le puede sacar muchísimo partido. 

La opción más sencilla es congelarlas. Solo tienes que lavarlas, secarlas, retirar el hueso y cortarlas por la mitad o en trozos. Congélalas primero extendidas sobre una bandeja para que no se peguen entre sí y, una vez duras, pásalas a una bolsa de congelación. Así podrás utilizarlas durante todo el año para preparar batidos, bizcochos, salsas o postres. 

Otra alternativa es preparar una mermelada casera, una compota o unas ciruelas en almíbar. Son elaboraciones muy sencillas que permiten disfrutar de su sabor durante meses y que siempre vienen bien para acompañar un yogur, unas tostadas o incluso una tabla de quesos. 

Y si te gusta aprovechar al máximo los productos de temporada, también puedes convertirlas en ciruelas pasas. Basta con deshidratarlas lentamente al sol o en el horno a baja temperatura. Obtendrás un snack natural, delicioso y muy práctico para tener siempre a mano. 

Los beneficios de las ciruelas para la salud 

Si preguntamos para qué son buenas las ciruelas, la mayoría responderá lo mismo: para combatir el estreñimiento. Y tienen razón. Gracias a su contenido en fibra y en sorbitol, un azúcar natural presente en la fruta, ayudan a favorecer el tránsito intestinal y a mantener una buena salud digestiva. 

Pero sería un error quedarse solo con esa fama, porque la ciruela tiene mucho más que ofrecer. 

Para empezar, es una fruta muy ligera. Una pieza mediana apenas aporta unas 30 calorías, por lo que resulta perfecta para tomar entre horas o como postre.  

Además, contiene vitamina C, que contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario y ayuda a proteger nuestras células frente al daño oxidativo, y vitamina K, imprescindible para mantener unos huesos fuertes y una correcta coagulación de la sangre. 

También aporta potasio, un mineral que ayuda al buen funcionamiento de los músculos y contribuye a mantener una presión arterial normal. Y, aunque en menor cantidad, también contiene hierro y otros minerales que forman parte de una alimentación equilibrada. 

Otro de sus grandes atractivos son los antioxidantes, especialmente los polifenoles y las antocianinas, muy abundantes en las ciruelas de piel roja y negra. Estos compuestos ayudan a proteger nuestras células frente al daño causado por los radicales libres y, por tanto, frente al envejecimiento celular. 

Así que la próxima vez que alguien diga que las ciruelas solo sirven para ir mejor al baño, ya tendrás la respuesta. Además de cuidar la salud digestiva, son una fruta ligera, refrescante y llena de nutrientes que también contribuye al bienestar del corazón, los huesos y el organismo en general. 

La ciruela también conquista la cocina salada 

Cuando pensamos en ciruelas, casi siempre nos vienen a la cabeza mermeladas, tartas o compotas. Sin embargo, esta fruta es mucho más versátil de lo que parece y puede convertirse en un ingrediente sorprendente en numerosos platos salados. 

Su equilibrio entre dulzor y acidez combina de maravilla con las carnes. Un pollo asado con ciruelas gana jugosidad y un delicioso toque caramelizado. Un solomillo de cerdo al horno se transforma con una sencilla salsa de ciruelas, mientras que el magret de pato encuentra en esta fruta una compañera perfecta para equilibrar su intensidad. También es un ingrediente tradicional en recetas de caza, como el faisán, la codorniz o la perdiz, donde aporta frescura y un agradable contraste de sabores. 

Pero las ciruelas no terminan ahí. También maridan sorprendentemente bien con el pescado. Un salmón a la plancha acompañado de una ligera salsa de ciruelas rojas adquiere un punto afrutado que realza su sabor sin enmascararlo. 

Y si eres de ensaladas originales, prueba a añadir unas ciruelas frescas cortadas en gajos junto a queso de cabra, burrata o queso azul, unos frutos secos y una vinagreta suave. El resultado es un plato fresco, colorido y lleno de matices que demuestra que esta fruta tiene mucho que ofrecer más allá del postre. 

Si te ha parecido útil esta información sobre las ciruelas, no dudes en compartirla. Cuantas más personas conozcan los beneficios y la versatilidad de este alimento más podrán aprovechar todo su sabor y sus propiedades nutritivas en su día a día.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Close
Gastroamantes © Copyright 2020. Todos los derechos reservados.
Close