Hoy vamos a hablar de un ingrediente que no puede faltar en nuestras cocinas durante todo el otoño: ¡la calabaza! Hemos dejado atrás la calabaza de verano, que es más clarita, con la piel fina y un sabor dulce, y damos la bienvenida a la calabaza de invierno, que es la verdadera protagonista desde ahora. Esta calabaza tiene un sabor mucho más intenso, un color naranja más vivo vivo y una piel mucho más dura.
En España, la calabaza está más de moda que nunca. Nos hemos convertido en uno de los principales productores de calabaza en la Unión Europea, y las zonas del Levante, como Valencia, Murcia y parte de Almería, son las que más producen. Pero no solo en el sur, también en Castilla-La Mancha, Cádiz, y hasta en el norte de España y Cataluña, ¡se cultiva calabaza de calidad!
Si quieres llevarte la mejor calabaza a casa, asegúrate de que pese bien, como los melones. Tiene que sonar maciza cuando la tocas, y el pedúnculo, esa parte de arriba, debe estar intacta.
Aunque muchos piensan que la calabaza es una verdura, en realidad es una fruta. ¿Por qué? Porque cumple con la definición botánica de un fruto: se forma a partir del ovario de una flor y contiene semillas en su interior. Así que, sí, la calabaza es técnicamente una fruta.
Ahora bien, en la cocina del día a día, no nos guiamos tanto por la botánica. Su sabor suave y su textura hacen que sea muy versátil: la usamos tanto en platos salados como en recetas dulces, desde cremas y guisos hasta bizcochos o tartas.
De esta gran fruta se puede comer tanto la pulpa como las semillas. Las calabazas suelen combinarse con especias, como la nuez moscada y la canela, para dar sabor a postres y bebidas de temporada.
Las calabazas pueden ser duras y difíciles de cortar y tener en cuenta algunos truquitos sencillos para que pelar la calabaza deje de ser una tortura, nos va a ayudar a que el proceso sea más fácil:
Existen muchos tipos de calabaza repartidas por todo el mundo y todas pertenecen a la misma familia cucurbitáceas. Por lo tanto, es pariente del calabacín, el pepino, la sandía o el melón,
La primera que se nos viene a la calabaza es la redondeada y achatada que siempre dibujan los niños y que tan famosa hizo Doña Ruperta y la que se suele tallar para Halloween cucurbita máxima.
Tiene la piel muy dura y la pulpa es naranja, su sabor es un pelín más amargo y cumple muy bien su función en cremas y estofados.
La más común es la calabaza cacahuete o violin
Su nombre como puedes imaginar es debido a su forma. Atesora un delicioso sabor dulce con un delicado matiz a nuez que va a aportar a tus recetas sabores increíbles
De textura cremosa y ligeramente dulce va muy bien asada, cocida, gratinada y para distintos platos dulces.
Calabaza vasca o Mallorca
Alargada y de gran tamaño puede llegar a medir más de 60 cm. La piel es de color verde y con franjas amarillas o naranjas. Pulpa de color naranja intenso y sabor bastante sabrosa y jugosa.
Es fabulosa para hacer guisos como la porrusalda, purés, cremas… pero no mantiene tanto su textura después de cocinada o asada.
Esta variedad es más hacia finales de invierno tiene la pulpa muy blanquecina y llena de hebras y es con la que elabora el cabello de angel
Tiene una forma ovalada y ancha con la piel de color verde con manchas y surcos blancos. Muy jugosa, de textura densa y sabor muy dulce.
¿Sabías que la calabaza está compuesta por un 90% de agua? ¡Y sí, por eso flota!
Pero no es solo agua. La calabaza es una bomba de nutrientes: tiene vitaminas, minerales, aceites esenciales, proteínas y fibra. Es como un todo-en-uno para cuidar tu salud.
Al igual que otros alimentos de color anaranjado, como la zanahoria o la batata, la calabaza es rica en betacaroteno, un antioxidante que el cuerpo convierte en vitamina A, lo que no solo ayuda a mejorar la vista, sino que también combate los efectos del envejecimiento.
Además, tiene propiedades antiinflamatorias gracias a su alto contenido en betacaroteno y vitamina C, que ayudan a reducir la inflamación y a fortalecer el sistema inmunológico.
También aporta vitamina E, hierro y ácido fólico, que nos mantienen sanos y con energía. Y si eso no fuera suficiente, contiene potasio, lo que es excelente para fortalecer los huesos.
Por si todo esto fuera poco, la calabaza es rica en fibra y tiene pocas calorías, lo que la hace perfecta para saciar el hambre sin sumar demasiadas calorías.
Y no olvidemos las semillas de calabaza (las pipas), que son una excelente fuente de proteínas vegetales, ácidos grasos saludables (como el omega-3), magnesio y zinc, esenciales para el sistema nervioso y la función inmunológica. Además, tienen antioxidantes que protegen las células de los daños causados por los radicales libres.
Se pueden comer solas como snack, añadirlas a ensaladas, sopas o incluso hacer mantequilla de semillas de calabaza.
Es muy facil de hacer.
Tuestas las semillas en una sartén a fuego medio durante unos 5-7 minutos hasta que suelten un aroma delicioso, pero sin quemarse. Luego, colocas las semillas en un procesador de alimentos y tritura a alta velocidad durante unos 5-10 minutos, parando para raspar los lados del bol. A medida que las semillas liberen sus aceites naturales, se formará una pasta suave. Añade un par de cucharadas de aceite de oliva o coco y sigue triturando hasta obtener la textura deseada.
Para darle un toque más rico, añade media cucharadita la miel o jarabe de arce y una pizca de sal. Un par de minutos más para mezclarlo todo bien y listo. Guarda la mantequilla en un tarro hermético y refrigérala; durará entre 2 y 3 semanas. Puedes disfrutarla untada en pan o tostadas, en batidos, como dip para verduras crudas, o incluso como sustituto de mantequilla en repostería.
Si compras la calabaza en diferentes presentaciones, es importante saber que la forma en que la conserves y el tiempo que te durará en casa varía bastante.
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