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Champagne y cava: el duelo de burbujas

Todas las fiestas y sobre todo las navideñas, son ese momento del año en el que cualquier excusa es buena para brindar. Da igual si celebramos que nos ha tocado la Lotería de Navidad, una reunión familiar o de amigos planeada o improvisada, el caso es que cuando nos juntamos para celebrar, es casi obligatorio alzar una copa de champagne o cava: basta con compartir, descorchar y dejar que las burbujas marquen el ritmo del momento y tener esa bonita sensación de que algo especial está a punto de empezar.

Al final, las burbujas entienden de alegría. Y si no nos ha tocado nada, o no eres muy de celebraciones, siempre puedes seguir el consejo de Napoleón: en la victoria te lo mereces; en la derrota, lo necesitas.

Dónde encontrar el mejor champagne y cava

El champagne solo puede llamarse así si procede de la región de Champagne en el noreste de Francia, y está protegido por una Denominación de Origen muy estricta. 

El cava es un vino espumoso español, ligado sobre todo a Cataluña y se rige por su propia Denominación de Origen, con normas específicas de elaboración y variedades 

Pero Cataluña no es la única, hay otras regiones de producción de cava fuera de Cataluña con un cava más que excelente: La Comunidad Valenciana, País Vasco, también en La Rioja donde hay varias bodegas autorizadas para producir cava y sobre todo, en Extremadura, especialmente en Almendralejo (Badajoz), reconocido dentro de la DO Cava y segundo gran foco histórico fuera de Cataluña. 

Diferencias entre champagne y cava

Champagne y cava se parecen en la copa, pero cuentan historias muy distintas: ambos son vinos espumosos elaborados mediante el método tradicional. Sin embargo, detrás de su apariencia se esconden estilos muy distintos.

Una de las grandes diferencias entre ambos comienza en el origen. El término champagne solo puede utilizarse para los vinos producidos en la región francesa de Champagne, una denominación de origen estrictamente protegida. El cava, por su parte, se elabora mayoritariamente en España, especialmente en Cataluña, aunque su denominación permite producción en otras zonas del país.

El clima y el suelo juegan un papel decisivo en el carácter de cada uno. En Champagne predomina un clima claramente más frío, con veranos cortos, otoños frescos e inviernos muy duros. Estas condiciones ralentizan la maduración de la uva, que conserva una acidez elevada y da lugar a un champagne más tenso y estructurado. Además, los suelos calcáreos de la región aportan una marcada mineralidad, uno de los rasgos más apreciados del champagne.

El cava en cambio, nace en un entorno mayoritariamente mediterráneo, con más horas de sol y temperaturas más cálidas. Esto permite una maduración más completa de la uva, que desarrolla perfiles algo más afrutados, más dulces y una sensación en boca generalmente más amable y accesible, sin renunciar a la frescura.

También existen diferencias en los tiempos de elaboración. El champagne debe envejecer un mínimo de 15 meses antes de salir al mercado en el caso de los no añada, de los cuales al menos 12 meses son sobre lías dentro de la botella. El cava, en su categoría más básica, requiere un mínimo de 9 meses de crianza, aunque las categorías superiores: Reserva, Gran Reserva y Cava de Paraje Calificado, amplían notablemente estos tiempos.

Y, por supuesto, está la burbuja. En ambos casos se forma de manera natural durante la segunda fermentación en botella, pero la finura y persistencia del carbónico suele asociarse a crianzas más largas y a una elaboración más pausada. Cuanto más pequeña y delicada es la burbuja, mayor suele ser la sensación de calidad y elegancia en boca.

Tipos de champagne

Detrás de las burbujas del champagne se esconden muchas personalidades. Desde el Brut, seco y con un punto ácido, hasta el Doux, dulce hasta el extremo. Cada tipo tiene su carácter, determinado siempre por la cantidad de azúcar y los sabores que lo acompañan. Al final, elegir el adecuado es una cuestión de equilibrio: entre frescura, dulzura y placer. 

  • Brut: El rey seco y fresco, el 90% de ventas. Perfecto para marisco, jamón. ¡Frescura total!
  • Extra seco o semi-seco: Toque dulce sutil, genial con sushi o quesitos cremosos. ¡Engaña, parece seco pero mima!
  • Seco: ¡Cuidado! Ya es dulce de verdad, ideal foie o postres afrutados.
  • Demi-sec: Si eres goloso, va fantástico con turrones y polvorones.
  • Doux: Puro azúcar, solo para postres extremos. ¡¡Dulce total!!
  • Champagne rosado Consiste en añadir una pequeña proporción de vino tinto tranquilo de Pinot Noir o Pinot Meunier al vino base blanco antes de la segunda fermentación. El resultado es un champagne con notas de frutos rojos (fresa, frambuesa, cereza), una mayor sensación de estructura en boca y la misma frescura y acidez características del champagne.

¿Quien inventó el champagne?

El champagne nace en el siglo XVII, en la región francesa que le da nombre. Pero más que una invención puntual, fue el resultado de muchos años de pruebas, errores y observación por parte de monjes y viticultores de la zona. 

El nombre que más nos suena es el de Dom Pierre Pérignon, monje benedictino de la abadía de Hautvillers, que tuvo un papel clave junto a Frère Oudart, de la abadía de Saint-Pierre-aux-Monts, en Pierry, en el desarrollo del champagne. En aquella época, los vinos se mezclaban casi al azar, sin una idea clara de lo que se buscaba. 

Fue Dom Pérignon uno de los primeros en darse cuenta de que combinar distintos vinos, parcelas y uvas de forma consciente podía marcar la diferencia. Empezó a realizar ensamblajes pensados, buscando equilibrio y calidad, y así consiguió vinos mucho más finos, armoniosos y consistentes. Cuando probó el chmapgne con sus miles de burbujas dijo ¡estoy bebiendo estrellas!

Como se sirve el champagne

El champagne se disfruta mejor frío, pero nunca helado. La temperatura ideal, según los expertos, ronda los 8 °C, aunque algunas variedades revelan todo su aroma entre 10 y 12 °C

La forma más efectiva de enfriarlo es en una champañera llena de hielo, dejándolo entre 20 y 30 minutos. Si lo pones en la nevera, conviene hacerlo cuatro horas antes, en la parte menos fría, para no afectar sus propiedades. Y absolutamente prohibido el congelador: sería un sacrilegio. Tampoco se recomienda servirlo en copas heladas, porque las burbujas se verían afectadas. 

Los más sibaritas insisten en que las copas deben lavarse a mano solo con agua caliente, sin jabón ni detergente, que puede alterar la efervescencia. Olvida las viejas copas de flauta las de boca cerrada para capturar el sabor y mantener las burbujas, ahora lo ideal ahora son copas tipo tulipa, que tienen forma de diamente, similar a la flauta pero con una curva en el cáliz y un diámetro mayor, que se va cerrando ligeramente en la boca que dan espacio a las burbujas y concentran los aromas. 

copa champagne tulipa

Al servirlo, sujeta la botella por la base, nunca por el cuello, y vierte el champagne con un flujo lento y constante. Hazlo en dos fases, dejando que las burbujas se acomoden, y no llenes la copa más de dos tercios. 

Los 5 champagne más caros del mundo

Cuando hablamos de los champagne más caros del mundo, dejamos fuera subastas, botellas históricas, ediciones limitas y las botellas de diseño más extravagantes, como el Taste of Diamonds 2013, cuyo precio puede superar 1,5 millones de euros. Su valor no se debe al champagne en sí, sino al lujo de su presentación: la etiqueta está hecha a mano con oro blanco de 18 quilates e incrusta un diamante blanco de 19 quilates, con un diseño que recuerda al emblema de Superman. 

Se estima que solo se producen 10 botellas al año, vendidas a coleccionistas o clientes privados, convirtiéndolas en auténticas piezas de lujo y exclusividad. 

imagen de luxurylaunches

Pero si nos centramos en botellas normales de 75 cl, de las que realmente podemos beber, los cinco champagnes más caros son: 

  • Armand de Brignac: fácilmente reconocible por su botella dorada. Es el símbolo del lujo moderno y puede superar los 5.000 euros. Cremoso, elegante y muy mediático. Es una de las pasiones de Leonardo DiCaprio y Rihanna
  • Krug Clos d’Ambonnay: una rareza absoluta. Proviene de una parcela diminuta, menos de una hectárea, y su precio ronda los 3.500 euros. Intenso, complejo y con un final larguísimo.
  • Dom Pérignon P3: la máxima expresión de madurez de la casa. Tras décadas de crianza, alcanza entre 4.000 euros, con una complejidad impresionante. Elton John ha dicho varias veces que es su champagne favorito.
  • Louis Roederer Cristal: creado para los zares rusos, sigue siendo un icono del lujo clásico. Sus precios suelen estar entre 500 y 1000 euros, aunque algunas añadas excepcionales superan estas cifras y más si vienen envuelta en la malla fabricada en acero recubierta en oro de 24 quilates.
  • Bollinger R.D; es uno de los proveedores de la Casa Real Britanica. Con precios de 200 a 400 euros, combina potencia, frescura y una gran capacidad de envejecimiento.

Es bueno beber champagne

Consumido con moderación, el champagne también puede tener su lado positivo. Contiene polifenoles, unos compuestos con efecto antioxidante que ayudan a proteger nuestras células y que, además, pueden contribuir al cuidado del corazón. De hecho, algunos estudios señalan que una copa ocasional puede favorecer la circulación y tener un efecto beneficioso sobre la salud cardiovascular, algo parecido a lo que ocurre con otros vinos espumosos. 

Incluso hay investigaciones y observaciones curiosas que apuntan a posibles efectos en la memoria y a una mayor sensación de saciedad, siempre hablando de un consumo responsable y ocasional. 

Eso sí, conviene no olvidarlo: el champagne sigue siendo alcohol y debe disfrutarse siempre con moderación, sobre todo en contextos de celebración, como sorteos o eventos especiales, donde es fácil pasarse. Un consumo excesivo no solo anula cualquier posible beneficio, sino que también aumenta los riesgos para la salud, la deshidratación y otros efectos poco deseables. 

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