Hoy nos centramos en un protagonista del otoño e invierno: el repollo que pertenece a la gran familia de las crucíferas (Brassicaceae), a la que también pertenecen la coliflor, el brócoli, las coles de Bruselas y la kale.
En España, el repollo se cultiva especialmente en regiones como Galicia, Castilla y León, y algunas zonas del levante. Pero si hablamos de repollo de calidad, Galicia se lleva la palma. ¿Por qué? Pues porque su clima fresco y las abundantes lluvias crean el entorno perfecto para que esta verdura crezca con fuerza y sabor.
De hecho, en tierras gallegas se pueden conseguir hasta dos cosechas al año. La primera se siembra a principios de verano y se recoge justo ahora, entre el otoño y el invierno. Y la segunda, al revés: se planta en los meses más fríos para ser recolectada en primavera.
Aquí en España, lo normal es encontrarnos con tres tipos de repollo. A simple vista pueden parecer parecidos, pero si te fijas bien, cada uno tiene su propia forma, su textura… y también su manera de usarse en la cocina. Eso sí, en sabor se parecen bastante, aunque cada variedad tiene su toque especial.
Repollo liso o col común
Se le conoce también como berza verdi-blanco lisa, o simplemente “col” y es la variedad más resistente al frio, y el que vamos a ver a partir de ya y hasta finales del invierno
Es la variedad más habitual y la que seguramente a nuestros oyentes les viene a la cabeza cuando piensan en repollo. Tiene hojas grandes, lisas y de un verde claro por fuera, y al abrirlo, descubrimos un corazón blanco y firme.
Tiene un sabor un poquito más fuerte que otras variedades, y sus hojas, al ser más firmes, aguantan muy bien la cocción y es el que debemos usar si queremos hacer guisos, sopas, o preparar chucrut. Además, las hojas al ser tan duras si los escaldas se convierten en una opción perfecta para hacer rollitos rellenos, porque aguantan muy bien el contenido sin romperse.
Repollo rizado o col de Saboya
También lo vas a escuchar con nombres como repollo crespo o col gallega.
Es fácil de distinguir por sus hojas rugosas, más blandas y flexibles que las del repollo liso. Tiene un color verde más intenso, con tonos azulados, que le da un aspecto muy vistoso y en Galicia tiene mucha tradición porque es un ingrediente fundamental del famoso caldo gallego.
Repollo picudo o Repollo Lorena
Puede que no sea el más conocido, pero está ganando terreno poco a poco, sobre todo en huertos familiares y mercados locales de Galicia y la zona de Levante.
Su forma es lo primero que llama la atención porque no es redondo, sino puntiagudo, lo que lo hace fácil de reconocer. Sus hojas son alargadas, finas y muy tiernas, con un bonito color verde claro por fuera y blancas por dentro.
Su mejor momento es en pleno invierno, cuando alcanza su punto óptimo de sabor: más suave, delicado y agradable que otras variedades.
A la hora de comprar repollo, hay algunos truquitos que te pueden ayudar a elegir el mejor. Lo primero: tócalo. Debe sentirse firme, compacto y bien apretado, eso es señal de que está fresco y cargado de agua.
Fíjate también en las hojas exteriores: deben envolver bien el cogollo y mantenerse firmes, sin estar mustias ni flojas. Un detalle importante es el color: lo ideal es que haya contraste entre las hojas de fuera y las de dentro. Si todas tienen el mismo tono, es posible que hayan quitado las hojas más viejas para que parezca más fresco de lo que realmente es.
Evita los repollos con hojas rotas, manchas marrones, magulladuras o zonas blandas. Cuanto más vivo y brillante sea el color, mejor.
Una vez en casa, lo mejor es guardar el repollo en el cajón de las verduras del frigorífico, dentro de una bolsa perforada. Así mantenemos la humedad justa y, además, evitamos que su aroma —que es bastante potente— se pase a otros alimentos.
Si está entero y bien fresco, puede durar entre dos y tres semanas sin problema.
Pero ojo, si lo cortas por la mitad, lo ideal es cubrir la parte del corte con film transparente o meterlo en un recipiente hermético. Esto ayuda a evitar que se oxide y a que no pierda sabor ni textura.
Y como todas las verduras no lo laves hasta que vayas a consumirlo. La humedad extra puede hacer que se estropee antes de tiempo. Así que, mejor seco y bien guardado… ¡y listo para cuando lo necesites!
Lo cierto es que el repollo es uno de los alimentos más saludables que podemos encontrar en esta época del año.
Para empezar, es bajo en calorías, solo unas 25 kcal por cada 100 gramos y tiene un alto contenido en agua y fibra, lo que lo convierte en un gran aliado para quienes quieren cuidar su peso o mejorar su digestión.
Pero eso no es todo. Está cargado de vitaminas y minerales: vitamina C, vitamina A, calcio, azufre, betacarotenos… Y gracias a esa combinación, nos aporta un montón de beneficios:
Ahora bien, como todo en la vida, el exceso no es bueno. Comer demasiado repollo, al igual que ocurre con el brócoli o la coliflor, puede provocar gases o molestias digestivas en algunas personas. Así que, ¡con moderación!
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