Con la bajada de las temperaturas, algunos sabores regresan para recordarnos el valor de los productos de temporada. Entre ellos, las castañas ocupan un lugar especial.
Durante siglos, las castañas han sido un alimento básico en muchas culturas, especialmente en zonas rurales de Europa y Asia, donde llegaron a sustituir a los cereales en épocas de escasez. Los romanos las llamaban “árboles del pan” por su alto contenido en carbohidratos y su capacidad para aportar energía y saciedad. Hoy, lejos de quedar relegadas al recuerdo, las castañas vuelven a ganar protagonismo en la cocina actual y en la alimentación consciente, valoradas por su perfil nutricional, su versatilidad y su conexión con una forma de comer más estacional y sostenible.
Son increíblemente nutritivas

Son ricas en aminoácidos, ácidos grasos monoinsaturados, antioxidantes, fenoles y, sobre todo, en vitamina C. De hecho, con solo media taza de castañas crudas, podemos cubrir entre el 35% y el 45% de la dosis diaria recomendada de vitamina C.
Eso sí, hay que tener en cuenta que al hervir o tostar las castañas, parte de esa vitamina C se va a perder, pero aun así sigue conservando una cantidad significativa. ¡No la perdemos toda! Si queremos retener la mayor parte posible de esta vitamina, lo más recomendable es cocinarlas a temperaturas más bajas. No tener prisa a la hora de hervirlas, tostarlas o asarlas.
También hay que saber que, si al cocinarlas se afloja esa aportación de vitamina C, con los antioxidantes presentes en las castañas sucede todo lo contrario, aumentan cuando las sometemos a calor.
Aunque las castañas es un alimento que se puede comer crudo, es importante saber que para algunas personas pueden resultar indigestas y producir molestias intestinales, ya que los taninos y la fibra insoluble que contienen no todo el mundo lo asimila bien, por lo que hay que prestar atención a la hora de comerlas y ver como nos sienta.
¿Dónde están las mejores castañas?
La mayoría de las castañas que se venden en las tiendas son castañas europeas cultivadas en Italia, y hoy te invito a que te detengasunos segundos en la etiqueta de procedencia, ya que en España y también en la Comunidad de Madrid contamos con auténticas joyas de producción local.
El castañar más grande de la Comunidad de Madrid está en el Pico de la Sierra Oeste justo donde termina Madrid y empieza Ávila. En Rozas de Puerto Real es una zona de mucha humedad porque el pueblo tiene aguas subterráneas y esto hace que los castaños estén siempre húmedos.
Tiene rutas que están marcadas para pasear y cualquiera que vaya puede recoger las castañas que han caído al suelo. Ya que son las que se pueden comer. La castaña cuando está en su mejor punto el erizo cae al suelo y se abre dejando descubierto el fruto. Si las cogemos de los árboles la castaña va a estar cruda y no se va a poder comer.

Galicia también tiene bosques de castaños y es la Comunidad Autónoma con mayor producción y exportación de castañas de España.
El Bierzo que es una tierra muy fértil da unas castañas que son un poquito más dulces y que además se pelan muy fácilmente. Muchos de sus castaños son centenarios y tienen un sello de calidad de origen como marca de garantía «Castañas del Bierzo»
También deliciosas y muy apreciadas las castañas de El bosque de Muniellos, que forma parte de la Reserva Natural Integral de Muniellos, situada en el suroccidente de Asturias, entre los concejos de Cangas del Narcea e Ibias. Esta reserva se integra dentro del Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias,
En la Serranía de Ronda (Málaga) existe la conocida Ruta de las Castañas o Ruta de la Castaña, en el Valle del Genal, también vinculada al llamado “Bosque de Cobre”, donde se pueden hacer senderos entre castaños y recoger castañas en temporada respetando propiedades privadas. Se trata de una ruta señalizada y muy recomendada en otoño por el paisaje de castaños.
¡Cuidado con los gusanos!
Las castañas pueden tener gusanos con bastante frecuencia, pero hay formas de prevenirlo y manejarlo.
Los gusanos de las castañas se formar a través de unos insectos que pueden ser polilla de castaño o gorgojo de castaño, que depositan sus huevos sobre las castañas en formación y cuando estas larvas crecen penetran en el fruto y se desarrollan en su interior.
Las castañas atacadas por estos gusanos tienen la base roída con surcos abultados que al apretarlas con los dedos se notan más blandas que las sanas. Además, los gusanos dejan pequeños orificios al salir, que son visibles a simple vista.
A la hora de elegir castañas, lo ideal es buscar las que tengan una piel de color pardo brillante y una consistencia dura, ya que son las de mejor calidad.
Antes de preparar cualquier receta con castañas comprueba que no presentan ningún orificio por el que se haya podido colar algún intruso.
Consérvalas bien
Para que las castañas duren más tiempo en casa se pueden emplear varios métodos sencillos, como la refrigeración, la congelación o el secado, según el uso que se les vaya a dar.
Antes de guardarlas, conviene revisarlas una a una y desechar las que presenten agujeros, moho, zonas blandas o mal olor; después, basta con limpiarlas ligeramente por fuera y dejarlas secar al aire para eliminar humedad superficial.
Para un consumo a corto plazo, lo ideal es conservarlas crudas en un lugar fresco dentro de una bolsa o recipiente con pequeños orificios que permita la ventilación y evite la aparición de moho: así pueden mantenerse entre dos y cuatro semanas, dependiendo de su frescura inicial. En zonas rurales, las castañas se cubren con helechos secos o paja para equilibrar humedad y ventilación,
Si se busca una conservación prolongada, el congelador es la opción más segura: pueden congelarse crudas haciendo un pequeño corte en la cáscara, o ya peladas tras escaldarlas unos minutos, siempre en bolsas herméticas sin aire; de este modo aguantan entre seis meses y casi un año y son perfectas para cremas, purés, guisos o postres.

Otra alternativa es secarlas, pelándolas previamente y deshidratándolas a baja temperatura en horno o deshidratador; una vez completamente secas, se conservan durante meses en un recipiente hermético y pueden rehidratarse o molerse.
En el caso de las castañas ya cocidas, lo mejor es guardarlas peladas en la nevera, cubiertas con un poco de su agua de cocción, donde duran tres o cuatro días, o congelarlas; las asadas, en cambio, se conservan mejor sin pelar, en bolsa de papel o recipiente metálico, en un lugar fresco y seco, durante dos o tres días, aunque también admiten congelación posterior.
Cómo comerlas

Las castañas se pueden comer crudas, asadas, cocidas, confitadas, en almíbar, haciendo una crema con ellas para incluirlas en bizcochos… ¡las opciones son infinitas!
Si decides asarlas, recuerda hacer un pequeño corte en la cáscara antes de ponerlas al fuego para evitar que exploten debido al calor.
Si buscas pelarlas rápidamente después de asarlas, un truco es envolverlas en un paño de cocina ligeramente húmedo. El vapor que se genera dentro facilita que la cáscara se separe con facilidad, haciendo que el proceso de pelarlas sea mucho más rápido.
En la cocina, las castañas combinan a la perfección con ingredientes como el repollo, los champiñones, las zanahorias y las carnes de cerdo, aportando un toque único tanto a platos salados como dulces

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