Aunque hoy podemos encontrar melón durante prácticamente todo el año gracias a las distintas zonas de cultivo y a las importaciones, su auténtica temporada comienza ahora. Entre junio y septiembre alcanza su mejor momento, ofreciendo todo su sabor, aroma y dulzor.
Durante estas semanas llegan a fruterías y mercados los melones cultivados en Almería, Murcia, Castilla-La Mancha y otras zonas con una larga tradición melonera, como Villaconejos, en la Comunidad de Madrid. Al madurar en la planta y recolectarse en el momento óptimo, ofrecen una pulpa más jugosa, una textura firme y un sabor mucho más intenso.
España es uno de los principales productores de melón de Europa y buena parte de los melones que se consumen en países como Francia, Alemania o Italia proceden de nuestros campos. No es casualidad: el clima y la experiencia de nuestros agricultores hacen que el melón español sea especialmente apreciado por su calidad.
Y si hay algo que siempre recomiendo es dedicar unos segundos a leer la etiqueta. En esta época conviven en las tiendas melones españoles con otros procedentes de distintos países. No significa que unos sean peores que otros, pero si queremos consumir un producto de temporada, apoyar a nuestros agricultores y disfrutar del melón en su mejor momento, merece la pena fijarse en su origen.
¿Y qué tiene el melón para gustar tanto? Pues probablemente una combinación difícil de igualar en esta epoca del año: es refrescante, dulce, muy versátil en la cocina y uno de los mejores aliados para combatir el calor del verano.
Aunque solemos hablar del melón como si fuera una única fruta, lo cierto es que existen numerosas variedades, cada una con sus propias características de sabor, aroma, textura y conservación. Algunas apenas se conocen fuera de las zonas donde se cultivan, mientras que otras se han convertido en auténticos símbolos de nuestra gastronomía.
Si hay un rey indiscutible entre los melones españoles, ese es el piel de sapo. Es la variedad más consumida en nuestro país y la que ya comienza a llenar las fruterías con la llegada del verano.
Se reconoce fácilmente por su gran tamaño y por una corteza gruesa, verde y rugosa, salpicada de manchas oscuras y vetas más claras que recuerdan, precisamente, a la piel de un sapo. En su interior esconde una pulpa blanca, muy jugosa, crujiente y con un elevado contenido en azúcar cuando se recoge en su punto óptimo de maduración.
Otra de sus grandes ventajas es su extraordinaria capacidad de conservación. De hecho, en algunos países se conoce como Santa Claus Melon o melón de Papá Noel porque, almacenado en buenas condiciones, puede mantenerse durante varios meses y llegar en perfecto estado hasta las Navidades.
Dentro de esta variedad merece una mención especial el Melón de La Mancha, distinguido con la Indicación Geográfica Protegida (IGP), un sello europeo que garantiza tanto su origen como unos exigentes controles de calidad. Solo pueden llevar esta denominación los melones cultivados en determinadas zonas de Castilla-La Mancha y son especialmente apreciados por su textura firme, su elevado grado de dulzor y su excelente calidad gastronómica.
Y si hablamos de melones de prestigio, resulta imposible no mencionar también a Villaconejos, una localidad madrileña cuya tradición melonera se remonta a hace siglos y que continúa siendo sinónimo de buen melón para muchos consumidores.
Precisamente por eso merece la pena detenerse unos segundos delante de la etiqueta. Durante estos meses conviven en las tiendas melones españoles con otros procedentes de distintos países. No significa que unos sean necesariamente mejores que otros, pero si queremos consumir un producto de temporada, apoyar a nuestros agricultores y disfrutar del melón en su mejor momento, conviene comprobar siempre cuál es su origen.
Mucho menos conocido fuera de las zonas donde se cultiva, el melón mochuelo mantiene una fuerte vinculación con comarcas como Villaconejos o Aranjuez. Su campaña suele comenzar algo más tarde, normalmente durante el mes de agosto.
Destaca por una piel mucho más fina, una pulpa muy blanca, extremadamente jugosa y prácticamente sin hebras, además de un aroma intenso que lo convierte en una auténtica delicia para quienes tienen la suerte de encontrarlo.
El cantalupo, también conocido como melón francés, es fácilmente reconocible por su forma redondeada, su piel reticulada y su llamativa pulpa de color anaranjado.
Su sabor resulta más perfumado y floral que el del piel de sapo y cuenta con numerosos seguidores. En España se cultiva principalmente en Murcia, Castilla-La Mancha y la Comunidad Valenciana, siendo además una de las variedades que primero llegan al mercado.
El galia es uno de los melones más aromáticos. De pequeño tamaño y forma prácticamente redonda, presenta una piel amarillenta y rugosa que esconde una pulpa de tonos verdosos, muy dulce y perfumada.
Muchos aficionados describen su sabor como una mezcla de frutas tropicales, flores e incluso un ligero recuerdo al pepino. Se cultiva principalmente en Almería, Murcia, especialmente en el Campo de Cartagena, Ciudad Real y también en zonas tempranas como Sanlúcar de Barrameda, en Cádiz.
Como su propio nombre indica, llama la atención por el intenso color amarillo de su corteza. Bajo ella encontramos una pulpa blanca, muy jugosa y con un dulzor elevado que suele conquistar a quienes prefieren los melones especialmente aromáticos.
Su cultivo está muy extendido en Murcia y Castilla-La Mancha.
El tendral es una de las variedades tradicionales españolas. Se caracteriza por su gran tamaño, su corteza verde oscura y su extraordinaria capacidad de conservación. Durante generaciones fue habitual almacenarlo durante meses para seguir disfrutando de melón incluso cuando el verano ya había quedado atrás.
Como ocurre con los tomates, las patatas o las manzanas, cada persona acaba teniendo su variedad favorita. Yo sigo siendo bastante clásica y me quedo con un buen piel de sapo, aunque estoy segura de que muchos defenderán el cantalupo, el galia o el mochuelo como el mejor de todos.
Si pensabas que solo existían jamones, vinos o cerezas de auténtico lujo, espera a conocer el melón Yubari.
Se cultiva exclusivamente en la ciudad de Yubari, en la isla japonesa de Hokkaido, una región conocida por sus fértiles suelos de origen volcánico y por unas condiciones climáticas ideales para la agricultura. Su producción está estrictamente controlada y solo un reducido número de agricultores autorizados puede cultivarlo siguiendo unas exigentes normas de calidad. Deben ser prácticamente perfectos: redondos, con una piel reticulada uniforme, sin defectos y con un pedúnculo en perfecto estado.
Cada primavera, los primeros ejemplares de la cosecha se subastan y alcanzan cifras difíciles de creer. En algunas ocasiones, una pareja de melones Yubari ha llegado a venderse por más de 30.000 euros, convirtiéndose en uno de los frutos más caros del mundo. En Japón, regalar uno de estos melones es todo un símbolo de prestigio y un obsequio reservado para ocasiones muy especiales.
Seguro que más de una vez te has preguntado cómo saber si un melón está realmente bueno antes de comprarlo. Aunque no existe un método infalible, sí hay algunas pistas que ayudan a acertar casi siempre.
Lo primero en lo que conviene fijarse es en el peso. Un melón que resulta pesado para su tamaño suele tener una pulpa más jugosa y un mayor contenido en agua, dos señales de que se ha desarrollado correctamente.
Después merece la pena observar la piel. Debe estar sana, sin golpes, grietas ni zonas blandas. En el caso del melón piel de sapo, el dibujo característico de la corteza debe apreciarse con claridad y presentar un aspecto uniforme.
El aroma también ofrece mucha información. Acerca la nariz a la parte opuesta al pedúnculo. Si desprende un olor suave, fresco y ligeramente dulce, es una buena señal de que ha alcanzado su punto óptimo de maduración. Si apenas huele, probablemente aún le falte tiempo. En cambio, si el aroma resulta demasiado intenso o recuerda a fruta fermentada, es posible que se haya pasado.
Existe la costumbre de apretar el melón con fuerza para comprobar si está maduro, pero no es una práctica recomendable. Además de estropear la fruta, no suele aportar demasiada información. Lo único que merece la pena comprobar es que el extremo opuesto al pedúnculo ceda ligeramente al presionarlo con suavidad. Si está completamente duro, todavía le falta maduración; si se hunde con facilidad, probablemente esté demasiado maduro.
Y un último consejo. Siempre que sea posible, fíjate en la variedad y en el origen. Conocer qué tipo de melón estás comprando te ayudará a saber qué sabor y textura puedes esperar, mientras que comprobar su procedencia te permitirá elegir un producto de temporada y disfrutarlo en su mejor momento.
Una de las dudas más frecuentes es si el melón debe guardarse o no en la nevera. La respuesta depende de si está entero o ya lo hemos cortado.
Si el melón está entero y todavía no ha alcanzado su punto óptimo de maduración, lo mejor es conservarlo en un lugar fresco, seco y alejado de la luz directa del sol. Si ya está maduro y no vais a consumirlo de inmediato, podéis guardarlo en el frigorífico para prolongar su conservación. Eso sí, si queréis disfrutar de todo su aroma, lo ideal es sacarlo unos minutos antes de servirlo para que se atempere.
Una vez abierto, sí debe conservarse siempre en la nevera. Lo más recomendable es cubrir la parte cortada con papel film o guardarlo en un recipiente hermético. De esta forma evitaremos que la pulpa se reseque y, sobre todo, que absorba los olores de otros alimentos, ya que el melón es especialmente sensible a ellos.
Y un último consejo: aunque puede conservarse en el frigorífico durante dos o tres días, lo mejor es consumirlo cuanto antes. Recién cortado mantiene mejor su textura, su jugosidad y ese sabor dulce y refrescante que lo convierte en una de las frutas imprescindibles del verano.
Además de ser una de las frutas más refrescantes del verano, el melón destaca por su excelente perfil nutricional. Con más de un 90 % de agua, es un gran aliado para mantener una buena hidratación durante los meses de más calor.
También aporta vitamina C, que contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario y ayuda a proteger las células frente al daño oxidativo; provitamina A (betacarotenos), importante para el mantenimiento de la visión, la piel y las mucosas; además de fibra y minerales como el potasio, que contribuye al funcionamiento normal de los músculos y ayuda a mantener una presión arterial normal.
Otra de sus grandes ventajas es su escaso aporte energético. Contiene alrededor de 35 kilocalorías por cada 100 gramos, por lo que resulta una opción ligera, saciante y perfecta para incluir en una alimentación equilibrada.
Y hay un detalle que muchas veces pasa desapercibido: gracias a su elevado contenido en agua y potasio, el melón ayuda a reponer parte del líquido y de los minerales que perdemos con el sudor durante los días más calurosos del verano. Por eso, además de delicioso, es uno de los mejores aliados para sobrellevar las altas temperaturas.
Cuando abrimos un melón, lo habitual es retirar las semillas y tirarlas a la basura. Sin embargo, en muchos países se aprovechan desde hace siglos para preparar una bebida muy refrescante conocida como leche de semillas de melón.
Prepararla es muy sencillo. Basta con colocar las semillas en un vaso batidor o en un procesador de alimentos, triturarlas unos segundos e incorporar aproximadamente medio litro de agua. Después se vuelve a triturar hasta obtener una mezcla lo más fina posible y, por último, se cuela. El resultado es una bebida suave, ligeramente dulce y muy refrescante, perfecta para los días de calor.
Es una forma curiosa de aprovechar una parte del melón que normalmente termina en la basura y de reducir el desperdicio alimentario.
Aunque hoy estamos acostumbrados a disfrutar del melón como postre o acompañado de jamón, durante siglos tuvo otros usos muy diferentes. En muchas zonas del Mediterráneo era habitual servirlo con un buen aceite de oliva, una pizca de sal e incluso acompañado de pescado seco o salazones.
Al final, la combinación de sabores dulces y salados no es una moda moderna. Lleva formando parte de la gastronomía mediterránea desde hace cientos de años y demuestra, una vez más, que muchas de las recetas que hoy consideramos innovadoras tienen, en realidad, un origen muy antiguo.
Si te ha parecido útil esta información sobre el melón, no dudes en compartirla. Cuantas más personas conozcan los beneficios y la versatilidad de este alimento más podrán aprovechar todo su sabor y sus propiedades nutritivas en su día a día.
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