No hay nada que siente mejor en los fríos días de invierno que un delicioso y caliente plato de garbanzos con tomate y liebre. Una excelente combinación de sabores que harán que te sientas en la gloria nada más probarlos.
La variedad ideal de garbanzos para elaborar esta receta son ¡los castellanos!. eso sí, asegúrate de que sean de calidad. No es una legumbre excesivamente cara y podemos seleccionar los mejores, ya que de ellos depende en gran parte el resultado final de este plato
El castellano tiene un tamaño mediano, es redondeado y algo más amarillento que sus hermanos. Al ser de una clase superior, les recubre una piel fina que no se desprende al cocinarse y que además facilita su capacidad de absorber mágicamente todos los aromas que tiene cerca.
Para acompañarles he elegido la carne magra de la liebre. Tierna y muy sabrosa, cocinada con el aromático romero acentúa aún más su peculiar sabor a campo. No te preocupes sino encuentras liebre, también puedes utilizar conejo, su sabor es más suave, su carne más blanca, y resulta una muy buena opción para hacer brillar a esta riquísima receta.
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