Habas ¡Estamos en temporada!

Las habas son uno de los productos que anuncian la primavera. En cuanto empiezan a aparecer en los mercados, marcan claramente el cambio de estación y nos invita a cambiar la forma en la que cocinamos.

Tienen una temporada corta pero muy aprovechable en cocina, sobre todo entre marzo y mayo que es cuando están más tiernas, jugosas y con un sabor ligeramente dulce.

La siembra de las habas se realiza en invierno y su recolección tiene lugar en primavera. Es una planta resistente al frío, capaz de soportar heladas, aunque crece mejor con temperaturas suaves. Por eso, no es raro empezar a ver las primeras vainas en los mercados ya desde febrero.

Se cultivan principalmente en zonas como Andalucía, Alicante, la Región de Murcia o Navarra, donde el clima favorece su desarrollo. 

El punto de recolección lo es todo. De él dependen tanto la textura como el sabor. Las más jóvenes, conocidas como habas baby, son pequeñas, de piel fina y sabor delicado. Son, sin duda, las más apreciadas: se pueden consumir crudas, con vaina, o simplemente escaldadas, manteniendo intacta toda su frescura. Las puedes tomar como un aperitivo o snak nutritivo y super saludable, capaz de competir sin complejos con el edamame, tan de moda en los últimos años. Pero aquí las habas juegan con ventaja: su sabor es más sutil y agradable, y además son un producto de temporada y de proximidad. Apostar por ellas es, en el fondo, recordar que muchas veces lo mejor está mucho más cerca de lo que pensamos.

A medida que la haba madura, va ganando tamaño y desarrolla una textura más cremosa en su interior. Sin embargo, si se deja pasar demasiado tiempo, la piel se endurece y el grano se vuelve más harinoso, perdiendo parte de su atractivo en cocina.

Por qué algunas habas saben más amargas que otras

Lo que más nos gusta de las habas son sin duda su textura cremosa y su sabor generalmente suave, con notas dulces y herbáceas que recuerdan a una mezcla entre guisantes tiernos y alcachofa. En el caso de las habas baby, además, aparece un punto fresco especialmente agradable que las hace aún más delicadas.

Sin embargo, ese perfil cambia a medida que la haba madura. Su sabor se vuelve más intenso, aparecen matices más terrosos y, en algunos casos, un ligero amargor.

Este amargor puede tener varias explicaciones. Por un lado, influye la variedad: algunas habas, especialmente las de mayor tamaño, son naturalmente más propensas a desarrollar sabores más marcados. Por otro, el punto de maduración es clave: cuando la haba se deja crecer demasiado, la piel se endurece, pierde tersura y se concentran compuestos amargos en su interior.

A esto se suman las condiciones de cultivo. Factores como el frío, el exceso de calor o un riego irregular pueden generar estrés en la planta y afectar directamente al sabor, haciendo que las habas resulten más amargas de lo habitual.

Las claves para elegir las mejores habas de temporada

A la hora de elegir buenas habas, el primer paso es fijarse en su aspecto exterior. La vaina debe ser alargada y turgente , es decir, firme y bien hidratada, con una longitud que puede alcanzar los 20 centímetros y alrededor de 1,5 de ancho, sin protuberancias excesivas.

Esa turgencia es clave. Como ocurre con cualquier vegetal fresco, las habas contienen una gran cantidad de agua y, con el paso del tiempo o una mala conservación, empiezan a deshidratarse. Es entonces cuando la vaina pierde firmeza y adquiere ese aspecto blando o “deshinchado” que delata la pérdida de frescura.

Pero no solo importa el exterior. En el interior, las semillas deben estar bien unidas a la vaina por un hilum de color verde o pardo, y no presentar manchas oscuras o negras, ya que pueden ser señal de deterioro.

Cuando abres una haba, el grano te lo dice todo. Lo ideal es que lo veas lleno, como hinchadito, con la piel lisa y brillante. Al tocarlo, tiene que estar firme. Ahí sabes que estás ante una haba tierna, dulce y en su mejor momento.

El problema viene cuando abres la vaina y te encuentras un grano plano, arrugado o con mucho “pellejo”. Eso suele ser señal de que la haba ya va un poco pasada. Puede que haya madurado demasiado en la planta o que haya perdido frescura después de recolectarse. En ambos casos, se deshidrata y por eso se queda como encogida.

También influye el tamaño: las habas más grandes suelen tener una piel más gruesa, y eso se nota mucho al abrirlas.

Ese “pellejo” no es otra cosa que la piel del grano. Cuando la haba es joven, casi ni molesta, pero según madura se vuelve más dura y fibrosa. Por eso, en cocina, con las habas grandes lo habitual es pelarlas y quedarse solo con el interior, que es donde está lo bueno: una textura mucho más cremosa y un sabor más fino.

El color de la semilla también te dice mucho

Las más verdes suelen ser habas jóvenes, recién desarrolladas. Están en su punto: más tiernas, jugosas y con un sabor más fresco y ligeramente dulce.

En cambio, cuando las ves más pálidas o blanquecinas, lo más habitual es que estén más maduras o que hayan perdido algo de frescura. Con el tiempo, el grano va cambiando: pierde ese verde vivo, la piel se vuelve más evidente y la textura tiende a ser un poco más harinosa.

Conservar bien las habas para que te duren más tiempo

Si la idea es consumir también la vaina, conviene elegir habas finas y tiernas que, al partirlas, resulten crujientes. En cambio, si lo que interesa es el grano, merece más la pena fijarse en el tamaño y grosor de las semillas que en el aspecto exterior. En cualquier caso, es mejor descartar las vainas ennegrecidas, ya que suelen esconder habas duras o con textura harinosa.

A diferencia de otras verduras como las judías verdes, las habas son más delicadas y se deterioran con rapidez una vez recolectadas. Lo ideal es consumirlas en un plazo de dos o tres días si se guardan en el frigorífico.

Para alargar un poco su vida útil, un buen truco es desgranarlas y conservar solo las semillas en una bolsa perforada. De este modo, pueden mantenerse en buen estado hasta unos cinco días sin perder demasiada calidad.

Valor nutricional y beneficios

Aunque son pequeñas, las habas concentran un perfil nutricional muy interesante. Según la Fundación Española de la Nutrición (FEN), destacan por aportar una combinación muy equilibrada de proteínas vegetales, fibra, vitaminas y minerales, con un contenido bajo en grasas y calorías.

Desde el punto de vista nutricional, las habas destacan por su alto valor nutritivo: aportan en torno a 4,6–6 g de proteínas por cada 100 g, lo que las convierte en una buena fuente de proteína vegetal para personas que siguen dietas vegetarianas o que desean reducir el consumo de carne. 

Tiene un alto contenido en fibra lo que contribuye a mejorar el tránsito intestinal, favoreciendo la regularidad y ayudando a prevenir el estreñimiento. Además, su contenido en hidratos de carbono es mayoritariamente complejo, lo que proporciona energía sostenida y evita picos bruscos de glucosa en sangre, algo especialmente interesante en el control de la diabetes.

Son ricas en hierro, potasio y magnesio, minerales fundamentales para la salud general.

Otro de sus puntos fuertes es el contenido en vitaminas del grupo B y la presencia de compuestos antioxidantes que contribuyen a reducir el daño oxidativo de las células, frenando el envejecimiento celular y reforzando el sistema inmunitario.

Contraindicaciones de las habas

Conviene recordar que las habas no son aptas para todos en todas las situaciones.

El principal riesgo asociado al consumo de habas es el favismo, un trastorno genético causado por la deficiencia de la enzima glucosa-6-fosfato deshidrogenasa (G6PD), más común de lo que podemos imaginar. Quienes lo padecen pueden llevar una vida completamente normal, pero deben evitar consumir habas, ya que incluso pequeñas cantidades pueden desencadenar anemia hemolítica, con síntomas como fatiga, palidez, ictericia o dificultad para respirar. Por eso, es fundamental que las personas con esta condición conozcan su diagnóstico y tomen precauciones al elegir alimentos.

Fuera de estos casos, lo más habitual en la población general es que las habas puedan provocar molestias digestivas leves, como gases o hinchazón. Esto se debe a su contenido en fibra y en ciertos azúcares que el intestino no digiere por completo. Al llegar al colon, estos compuestos son fermentados por la microbiota, lo que genera esa sensación de pesadez.

Aun así, es algo que suele ser fácil de manejar. Consumirlas en cantidades moderadas y acompañarlas de especias digestivas como comino, laurel, hinojo, menta o ajo puede ayudar a que resulten mucho más ligeras.

Si te ha parecido útil esta información sobre las habas, no dudes en compartirla. Cuantas más personas conozcan los beneficios y la versatilidad de este alimento más podrán aprovechar todo su sabor y sus propiedades nutritivas en su día a día.

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