Después de haber disfrutado de un buen cocido madrileño, siempre nos quedan algunos restos que se pueden aprovechar elaborando otro clásico de nuestra gastronomía ‘la ropa vieja de cocido’.
En casa no sé si es más deseado el cocido o la ropa vieja. A mi marido y a mi hijo literalmente les apasiona, ¡les enloquece!. Les gusta tanto que a veces les descubro haciéndose un bocadillo con esta fritada de cocido para cenar. Sí, sí, para cenar. Cuántas veces he ido a darme el capricho y me he encontrado con el plato vacío, pero créeme si te digo que les entiendo, ¡ya lo creo que les entiendo!.
El secreto de mi ropa vieja no es otro que freír mucha, mucha, pero mucha cebolla y cuando está casi dorada añado el resto de garbanzos, chorizo, carne, tocino y verduras. Ahora solo queda remover y remover hasta observar que algunos garbanzos se han tornado dorados y crujientes. El chorizo ha de tener su borde tostadito y las verduras deben estar impregnadas de todos estos deliciosos sabores. Personalmente considero que una ropa vieja está perfecta cuando al comerla puedes sentir el crujido del garbanzo a la vez que su cremoso interior.
El dulzor de la cebolla y el resto de los ingredientes se hacen más que amigos en la sartén y eso lo sabes cuando te llevas a la boca el resultado de este tradicional plato español.
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