Hoy, las humildes acelgas rojas se visten de fiesta para mostrarnos que su sabor, su textura y sobre todo sus propiedades nutricionales están alcance de todos.
Seguro que más de una vez la has visto en el mercado erguida, firme y con todo su color, dispuesta a que te la lleves a casa para ser cocinada y regalarte sus sales minerales, sus vitaminas y toda su fibra. Otra cosa, es que decidas incluirla en tu cesta de la compra, ¿verdad?. Porque lo cierto es, que las acelgas rara vez son la primera opción de la lista a la hora de seleccionar las verduras.
Personalmente compro casi a diario, me encanta observar, ver los productos que otros compran, e incluso a veces reparo en sus gestos. La gente introduce con alegría en sus bolsas los calabacines, las berenjenas, las alcachofas, ¡hasta el repollo!… ¿y las acelgas?, con ellas, la cosa cambia. Las manos de los compradores pasan casi sin rozarlas y su estante rara vez está vacío ¡Pobres acelgas!. Yo creo que si tuvieran ojos o pudieran hablar, nos dirían: ¡A mí, a mí. Elígeme a mí!.
Así que hoy, a través de está sencilla, rápida y fabulosa receta de acelgas rojas, voy hacer que la próxima vez que la veas en el mercado, te acerques con un halo de alegría, las pongas en tu carrito y te dejes llevar por la humildad deslumbrante de esta mágica verdura.
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