Posiblemente la alcachofa de España sea la mejor del mundo y puede que muchos la conozcan solo por su sabor peculiar o porque ‘va bien para la dieta’, pero lo cierto es que esta hortaliza esconde un montón de secretos a cuál más digno para tener en cuenta a la hora de hacer de la compra.
Ahora mismo estamos en plena primera temporada de la alcachofa. Porque digo primera, porque esta planta tiene dos colmos o dos tandas al año. El primer colmo que es el que llega ahora entre octubre y noviembre, y el segundo, que es el que va desde mayo hasta casi finales de julio. lio.
Yo, si tuviera que elegir una palabra para describir a la alcachofa, sería ‘generosa’.
Sus propiedades

Para empezar, está llena de cosas buenas. Tiene vitamina B1, que básicamente ayuda al cuerpo a sacar energía de lo que comemos. También tiene potasio, que viene genial para controlar la presión y cuidar los músculos.
Y aunque tiene calcio, hay que decir que no se absorbe tan bien como el de los lácteos… pero no pasa nada, porque lo compensa con magnesio, fósforo y sobre todo con mucha fibra que nos ayuda a que el intestino vaya bien y que nuestros huesos y dientes estén fuertes.
Pero lo más curioso no es tanto la cantidad de vitaminas o minerales, sino lo que provocan en el cuerpo. Por ejemplo, hay una sustancia que se llama cinarina —que es la culpable de ese sabor amarguito— y que le viene de lujo al hígado. Lo ayuda a funcionar mejor y encima tiene un efecto diurético, o sea, que nos ayuda a eliminar líquidos. Perfecto si queremos depurar un poco y sentirnos más ligeros.
Y luego hay un detalle que no puede pasar por alto y es que la alcachofa tiene inulina, que es un tipo de azúcar que los diabéticos pueden tomar sin problema. Y luego otro dato curioso, es que, después de comer alcachofa, si bebes agua, ¡te va a saber dulce! Suena raro, pero es un truco divertido que podéis probar en casa.
La mejor alcachofa, ¡española!

España es el segundo productor europeo de alcachofa.
En España hay dos Indicaciones Geográficas Protegidas, IGP: Benicarló y Tudela, ambas de la variedad blanca de Tudela.
Y posiblemente te preguntes, ¿cómo que alcachofa de Tudela en Benicarló, si Tudela está en Navarra?” Pues la explicación es sencilla: la alcachofa de Tudela es tan extraordinaria que su planta se vende a otros productores para cultivarla en otras zonas de España. Así que sí, podemos encontrar alcachofa de Tudela cultivada en otros lugares, siempre y cuando las tierras cumplan con unos estándares de calidad: condiciones climáticas y suelo, que permitan el cultivo de alcachofas de excelente calidad.
Además, en Tudela (Navarra), también se cultivan alcachofas de gran renombre, reconocidas por su tamaño pequeño y compacto, así como por su sabor delicado y textura suave.
También hay muy buena alcachofa, sin ser de Tudela, en el País Vasco, Almería o la Rioja.
Si eres muy fan de la alcachofa y te gusta comerla fuera de su temporada y echas mano de la que viene embotada, ¡cuidado! ya que casi toda la alcachofa que compramos envasada, por no decir toda, viene de Perú y de otros países, por lo que, si queremos seguir apostando por el producto nacional, podemos embotarla en casa y disfrutarla durante todo el año.
Conserva de alcachofa natural

Para hacer una excelente conserva de alcachofas, elige las piezas más frescas y tiernas. Límpialas retirando las hojas duras hasta llegar casi al corazón. Corta las puntas, y deja unos dos centímetros de tallo. A medida que las preparas, sumérgelas en agua con el zumo de un limón o una cucharada de vinagre por litro para evitar que se ennegrezcan. Luego, escáldalas en agua hirviendo con sal y un para de cucharadas jugo de limón durante cinco a siete minutos.
Coloca las alcachofas en frascos de vidrio esterilizados y cúbrelas con el agua de la cocción dejando un centímetro libre hasta el borde.
Cierra bien los botes y ponlos al baño maría durante 20 minutos para hacer el vacío. Después, solo queda etiquetarlos con la fecha y guardarlos en un lugar fresco. Así tendrás alcachofas caseras listas para disfrutar durante meses.
¿Quieres saber cómo elegir una buena alcachofa?

Lo primero que tienes que mirar son las hojas: lo ideal es que estén bien apretadas y firmes. Si ves que están secas o empiezan a tener los bordes marrones, mejor déjala pasar porque ya no está tan fresca. El color también dice mucho; busca siempre ese verde vivo y brillante, porque si está apagado, probablemente ya no está en su mejor momento.
Otro truco es fijarte en el peso. Cuando coges una alcachofa y notas que pesa bastante para su tamaño, es buena señal. Si, en cambio, la notas ligera, seguramente ya ha perdido agua y frescura.
Y para reconocer la de Tudela, es muy sencillo, es la que siempre va a tener un agujero en el medio.
Y un último consejo: cuando aprietes las hojas de la alcachofa, si notas que emite un pequeño crujido, es una buena señal de que está fresca y lista para disfrutar.
Conservala en casa

Si tu cocina es fresquita puedes tenerlas fuera de la nevera un par de días sin problema, pero eso sí: tienen que estar en un sitio oscuro y alejado del calor, porque la luz y las altas temperaturas hacen que se echen a perder más rápido.
Aunque lo ideal es guardarlas en el cajón de las verduras del frigorífico, preferentemente envueltas en un paño de cocina húmedo o en una bolsa de plástico perforada. Así mantienen la humedad y no se secan tan rápido. Si las cuidas bien pueden aguantar hasta una semana en la nevera.
Otra opción curiosa es ponerlas en un recipiente con agua, como si fueran flores. Sumerges solo la base del tallo y cambias el agua cada día.
Ahora, si lo que quieres es conservarlas durante meses, la solución es congelarlas.
- primero les quitas las hojas más duras y cortas el tallo. Luego las hierves con un poco de sal unos 10-15 minutos, hasta que estén medio tiernas. Cuando estén listas, las pasas a un bol con agua y hielo para cortar la cocción.
- Después las escurres bien, las puedes cortar en mitades o en cuartos, y las metes en bolsas de congelación. Y listo. Te duran varios meses y las tienes a mano para lo que quieras.
De la alcachofa se come todo
Puedes cocerlas enteras o hacerlas al vapor o al horno hasta que están tiernas y comerlas hoja a hoja: se van retirando las más externas, que son duras, y esas hojas se rascan con los dientes antes de desechar la parte más fibrosa. A medida que se avanza hacia el centro, las hojas se vuelven más tiernas y, en muchos casos, se pueden comer enteras. Cuando ya no quedan más hojas, se llega al célebre corazón, la parte más delicada y apreciada. Antes de disfrutarlo, conviene retirar con cuidado la capa de pelillos que lo cubre. Aquí en este corazón se esconde la mejor recompensa: un bocado tierno, aromático y con un sabor profundo.
Comer una alcachofa es casi un ritual: hoja a hoja, hasta alcanzar su corazón, y cada paso merece la pena.
Licor y cerveza de alcachofa

La alcachofa no solo se come… ¡también se bebe! En Italia, hacen un licor súper curioso que se llama Cynar (que viene del nombre científico de la alcachofa: Cynara scolymus) Está hecho con alcachofas y una mezcla de hierbas (dicen que son 13, aunque no sueltan el secreto), y tiene ese sabor entre amargo y dulce que engancha.
Y luego en Peñíscola (Castellón) han ido un paso más allá y hacen una cerveza artesana con alcachofas de Benicarló. Se llama Badum, como una torre medieval de la zona, y han aprovechado que allí la alcachofa tiene muchísima tradición para hacer esta cerveza con un toque muy especial, distinta, de esas que no te esperas pero que te hacen decir: “Oye, pues está buena”.
Receta de alcachofa confitada
Instrucciones
- Si quieres hacer una alcachofa confitada de las que se te quedan grabadas, empieza limpiándolas bien, quitando las hojas exteriores más duras y el tallo.
- Ponlas en un cazo a fuego muy bajo con aceite de oliva virgen extra, un par de dientes de ajo, una pizca de sal y, si quieres, una lámina de limón para darle un toque fresco. Tienen que quedar completamente cubiertas de aceite, pero ojo, sin que llegue a hervir; la clave es que se cocinen muy despacio. Déjalas ahí durante una hora, hasta que al pincharlas estén súper tiernas.
- Luego solo tienes que escurrirlas un poco, marcarlas en la sartén. Quedan suaves, sabrosas y con un aroma brutal.
Alcachofa al horno con queso
Instrucciones
- Limpia las alcachofas quitando solo las hojas más duras de fuera, corta las puntas y deja algo de tallo.
- Córtalas por la mitad (o en cuartos si son grandes) y déjalas un rato en agua con limón.
- Luego colócalas en una bandeja de horno con la parte del corte hacia arriba, échales un buen chorro de aceite de oliva, sal, pimienta, y si te gusta, un poco de ajo picado.
- Espolvorea por encima queso rallado, puede ser parmesano, manchego curado o el que más te guste, y un poco de pan rallado para que quede crujiente.
- Hornéalas a 180 °C durante unos 25-30 minutos, hasta que estén tiernas por dentro y doradas por fuera.

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