En casa nos encanta los callos con garbanzos y el día que decido prepararlos es como una gran fiesta. Mi marido y mi hijo no dejan de dar paseos a la cocina para ver cómo evoluciona y cuánto queda para poder sentarnos a la mesa. Es tanta la pasión que tenemos por ellos que antes del mediodía ya han puesto la mesa y colocado un buen pan candeal en el centro con una jarra de barro llena de un buen vino fresco.
Esta receta de callos con garbanzos ha viajado por mi familia desde hace décadas. Mi abuela, mi madre, mis hermanos, todos, somos absolutamente fieles a la hora de elaborarlos. Así que guárdala en un buen lugar dentro de tu recetario para que siga viajando y deleitando también a tu familia.
Para conseguir que te salga un plato de concurso debes asegurarte que los callos sean de calidad. Lo mejor es comprarlos en un sitio de confianza y observar que estén bien limpios, firmes y sobre todo blancos, sin manchas marrones. Los más apreciados son los de vaca ya que tienen una consistencia más gelatinosa que los de ternera o los de cordero, y esto hace que la salsa nos quede con la textura perfecta.
Los garbanzos también son un producto importante así que procura que tengan un tamaño mediano. Los castellanos son ideales; cremosos, tiernos y tienen la virtud de absorber los sabores de los ingredientes que lo acompañan.
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