Seguramente ya has leído o visto estas ollas de cocción lenta llamadas slow cooker, una nueva forma de cocinar que nos ayuda a ahorrar energía y tiempo.
Como su nombre indica son aparatos que tardan varias horas en tener lista tu comida o cena, y aunque pueda resultar extraño que tantas horas enchufado a la red su consumo sea inferior a los métodos de cocción habituales, como la inducción o la vitrocerámica, lo cierto es que sí. Este ahorro es debido a que siempre cocina a una temperatura constante y relativamente baja por lo que su consumo también es bajo. Incluso, puede resultarte todavía más económico si dejas que trabaje durante la noche que es cuando la luz tiene un precio más barato.
Estos pequeños electrodomésticos utilizan el calor húmedo para cocinar a fuego lento y de forma segura todos los alimentos. Lo hace a una temperatura mucho más baja que otros métodos de cocción, consiguiendo así que las texturas sean muchísimo mas tiernas y los sabores mas naturales, sabrosos y jugosos.
Este procedimiento también es una buena noticia en el frente de la nutrición ya que la mayoría de los nutrientes en los procesos de cocinado convencionales se descomponen por las altas temperaturas y en el caso de las slow cooker, el calor suave no destruye tantos nutrientes como asar o hervir.
Su uso es relativamente fácil si sigues las instrucciones de las recetas. En la mayoría de ellas solo has de introducir los ingredientes con 2 o 3 cucharadas de líquido, que junto al contenido en agua del resto de los componentes creará el vapor necesario para conseguir el punto perfecto.
A estas alturas todos sabemos que para beneficiarnos de toda la fibra, vitaminas y minerales de las verduras lo mejor es comerlas crudas, poco cocinadas y prácticamente con nada de agua, exceptuando aquellas que son tóxicas para el organismo como la berenjena, patata, yuca, remolacha y determinadas setas que se han de cocinar por más tiempo.
Obviamente, no todas las verduras necesitan los mismos minutos para obtener su punto exacto de ternura, por lo que tendrás que tener en cuenta su tamaño o añadirlas a la cazuela en intervalos de tiempo diferentes dependiendo de su dureza.
Para hacerlo correctamente solo necesitas seleccionar tus favoritas e incorporarlas a la cazuela con 2 o 3 cucharadas de agua y un poco de sal para crear el ambiente húmedo y favorecedor que necesitan.
No es un robot de cocina
Este pequeño electrodoméstico no bate, tritura, amasa ni pica, solo cocina.
No todo necesita de muchas horas
Es cierto que muchas de las recetas que se preparan en esta cazuela necesitan varias horas para conseguir el punto de gracia, pero fíjate muy bien siempre que programes tu máquina, ya que no es lo mismo un lomo de cerdo o unas carrilleras, que unos garbanzos. Cada producto necesita su tiempo y hay que prestar atención ya que una vez programas las horas no puedes estar abriendo la tapadera cada dos por tres, ya que al hacerlo el vapor se disipa y es muy posible que pierdas el equilibrio del tiempo.
Los vegetales siempre en trozos grandes
Para que no te encuentres con las verduras completamente desechas, asegúrate de trocearlas en un tamaño más grande de lo habitual y colócalas siempre al fondo con la carne o pescado encima.
No añadas muchos liquidos
Lo mejor es no innovar con los líquidos y seguir al pie de la letra la cantidad que marca la receta. En la mayoría de ellas, salvo que sean sopas o cremas y marquen cantidades específicas, con añadir 2 o 3 cucharadas de agua es suficiente, ya que el proceso lento de estas cazuelas hace que poco a poco los alimentos se desprendan de su contenido en agua lo que creará al final una sabrosa, saludable y estupenda salsa.
Su tapadera no es hermética
Acostumbrados al cierre hermético de la olla rápida, cuando vemos la tapadera de la slow cooker tendemos a pensar que algo va mal. Pero no, todo es perfecto, ya que al no ser hermética permite una pequeñísima salida de vapor que no influye para nada en la cocción.
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