Seguro que alguna vez se te ha antojado comer el pollo súper crujiente, ¿verdad?. Es verlo y enseguida las papilas gustativas se ponen a funcionar imaginando que habrá y a qué sabrá la carne que encierra ese chasqueante dorado. Y también es seguro, que más de una vez te ha defraudado, bien porque el aceite se ha impregnado en exceso, o bien, porque la carne está seca y sin sabor, ¡una pena!
Pues para que nada de esto suceda hoy, te voy a facilitar un código secreto para que cuando lo prepares en casa disfrutes al cien por cien de una carne sabrosa y muy jugosa abrazada hasta el extremo por un perfecto y crujiente rebozado.
Lo primero que has de hacer, es sumergir la carne de pollo durante 1 o 2 horas en suero de leche, que no es otra cosa que batir leche con zumo de limón. ¿El secreto de hacer esto? que el suero actúa de ablandador haciendo que la carne quede mucho más jugosa y tierna.
Lo segundo, impregnar la carne en una mezcla de huevo, mostaza, jengibre, mayonesa y harina. Aquí puedes personalizar el sabor a tu gusto poniendo pimentón, ajo u otras especias que te apetezcan y den sabor. Y por último, la mezcla de pan rallado con cereales de maíz que harán de barrera para encerrar los sabores y aportar ese chasqueante toque crujiente que a todos nos fascina.
¿Quieres que te la prepare y te la enviemos a tu casa? Si vives en Madrid, contacta conmigo a través de info@gastroamantes.com y te doy todos los detalles.
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